Antes de Navidades empezamos a trabajar en 2º de ESO la lírica en clase: temas recurrentes, recursos literarios, métrica, rima, estrofas básicas... Para ello elaboré una antología formada por poemas y letras de canciones. En la segunda o tercera sesión, una alumna me preguntó si no existían mujeres que escribiesen poemas. Le respondí que sí y ella concluyó diciendo que creía que no porque casi todos los poemas y letras de canciones que estábamos leyendo los habían escrito hombres. Tras quedarme perpleja, salí del paso como pude improvisando y aclaré que lo había hecho a propósito porque mi intención era que ellos hiciesen un trabajo sobre la biografía y la obra de poetisas. Continuamos a lo nuestro hasta que tocó el timbre. Salí del aula horrorizada y comencé a reflexionar sobre cuestiones que hasta ese momento me habían pasado inadvertidas.
¿Tan interiorizada tenemos la educación tradicional basada en la repartición de roles sociales y familiares según el sexo que seguimos reproduciendo estos esquemas conductuales y mentales de modo inconsciente? ¿Seguimos enseñando en la escuela del S. XXI la vida, la obra y los logros de los hombres en todas las áreas del saber, obviando la aportación de las mujeres al progreso de la humanidad y relegándola a los papeles de madres y esposas abnegadas? ¿Ocurre lo mismo en todas las asignaturas?
Comencé examinando algunas de las obras que se mencionan en los libros de texto de Lengua y Literatura protagonizadas por mujeres para ver cuál es el papel que desempeñan en la ficción. En un listado rápido, podemos observar lo siguiente:
Madame Bovary, Ana Karenina, Ana Ozores y Fortunata: mujeres adúlteras.
Jacinta, la mujer y las hijas del Cid: abnegadas y sumisas esposas.
Celestina: puta, bruja, lujuriosa y codiciosa.
Melibea: caprichosa, hija desobediente que mancilla con su conducta el honor familiar.
Marquesa Eulalia de Darío: maligna, caprichosa que juega con los sentimientos de sus sufridos pretendientes. Podría ser el prototipo de la "femme fatale".
La princesa de la Sonatina de Darío: aburrida y superficial.
Excepto Jacinta, la mujer y las hijas del Cid que se comportan tal y como corresponde a su condición femenina, el resto de mujeres son severamente castigadas por romper con sus roles socialmente asignados. La pena será el suicidio, la muerte, el rechazo social o el asesinato.
Continué repasando las obras de la literatura juvenil que mandamos leer a nuestros alumnos y, en muchas de ellas, los protagonistas son chicos valientes y atractivos, mientras que las chicas son las que sufren problemas de personalidad o inestabilidad emocional y su papel dentro de la trama suele ser secundario, supeditado a la figura masculina. Así, en la Cueva del Toloño de Pablo Zapata, los protagonistas son cuatro chicos aventureros mientras que en Manolito Gafotas de Elvira Lindo, la madre es una neurótica y la Luisa una cotilla que vive pegada a la mirilla de la puerta. En La catedral y La mansión Dax de César Mallorquí, los chicos, cuya misión es salvar el mundo, son los personajes principales y en La mansión Dax, Raquel, la única chica, es una mujer florero que utiliza su atractivo sexual para conseguir lo que le ha encomendado el señor Dax que la somete a su voluntad .
Pregunté a profesores de otras asignaturas si en sus materiales y contenidos se contemplaba el estudio de la obra de mujeres y la respuesta de todos fue negativa. No ha habido ni escritoras, ni pintoras, ni reinas, ni emperatrices, ni matemáticas, ni astrónomas, ni filósofas. Ha sido Alejandro Amenábar con Ágora el que ha reivindicado la figura de la matemática y astrónoma Hipatia de Alejandría, que pagó su amor a la ciencia con un alto precio: soltera y asesinada a manos de fanáticos.
Sólo desde edades tempranas y a través de la educación se puede romper con la tradicional división de roles por sexos haciendo ver que los límites nos los ponemos nosotros y no nuestro género. Hay que educar en la igualdad de oportunidades y en las relaciones basadas en el respeto mutuo. Para ello hay que proporcionar a las chicas desde la infancia y en la escuela papeles femeninos alternativos a los de madre, ama de casa y esposa. ¿Cómo? Incluyendo en todas las asignaturas un número idéntico de figuras femeninas y masculinas con las que poder identificarse. Esta tarea nos corresponde a los profesores y urge, en vista del aumento de los casos de víctimas de la violencia de género, cuyo origen se encuentra en la pervivencia de una mentalidad machista que considera a las mujeres inferiores a los hombres y objetos de los que disponer al libre albedrío masculino.
Yo, a partir de ahora, lo tengo claro. En mis clases habrá juglaresas, poetisas, novelistas y dramaturgas.